Opinión

Momentos de Vida: "Viernes en trayecto" por Claudia E. Fiorio

En esta edición, les proponemos un especial (y critico) recorrido por la ciudad, a través de los ojos de la autora

Silencio de la mañana que aún no despierta sus ojos a la vida en la ciudad.

Mi consciencia y el despertador del celular, me indican que es hora de levantarme.

Toco el piso frío con mis pies- me gusta hacerlo desde pequeña- me desperezo, junto las manos y agradezco a Dios por un día más de vida sobre este terruño planetario y le pido protección para mis seres amados y para mí. También le pido que guíe mis momentos para que sea éste, un bello, productivo y feliz día.

Es viernes…

Luego de vestirme, abrigarme- porque hace mucho frío- y desayunar, emprendo mi caminata por la misma calle como hace casi dos meses ya.

Mi destino final dista kilómetro y medio, pero al contrario de los que varios pensarían, lo recorro con alegría y agradecimiento, porque me gusta caminar, pensar, observar y quizás, hasta conjeturar.

La calle que transito a diario, tiene muchos bancos- no de los que usamos para sentarnos sino de las entidades financieras que son depósitos de dinero- y en mi recorrido, debo pasar por cinco de ellos.

Dije que me gusta caminar, pero al hacerlo, me lamento por las veredas rotas, sucias y descuidadas que abundan en este mi transitar.

Yo, puedo levantar los pies, dar un paso grande, etc. etc. etc. pero y ¿el que no puede hacerlo por alguna incapacidad física?, ¿y el que lleva algún carrito de bebé o silla de ruedas?, ¿cómo lo hace? ,qué hace?

Paso por el primero de los bancos y siento que se me estruja el pecho al ver las largas colas de personas esperando cobrar ¿pensiones?, ¿jubilaciones?, ¿ayudas gubernamentales?, ¿planes sociales?

Hace frío y disimuladamente, los observo: algunos mal abrigados, otros con el dolor sintiente en el rostro apretado por el tiempo, la desazón, la angustia o el desaliento…

Y pienso: ¿por qué los jóvenes de esa interminable fila no se encuentran trabajando en lugares donde la oportunidad de dignificar su vida les diera bienestar, responsabilidades y sustento?, ¿hasta cuándo nuestro bendito y querido país seguirá perdido en la nebulosa del hundimiento incierto?

¿Por qué los ancianos- algunos en sillas de ruedas, otros ayudados por bastones o por sus familiares a modo de apoyo- que deberían estar en sus casas cobijados y abrigados, alejados del frío, también forman parte de ese transitar de personas esperando recibir su dinero?

Y así podría seguir describiendo lo que siento al verlos… y ni qué decir cuando se me oprime el alma viendo a pequeñitos bebés envueltos en frazaditas, allí junto a su madre, en el frío de este viernes a la intemperie, esperando el dinero.

¡Así NO debe ser! Y, sin embargo, las imágenes se repiten en los cinco bancos que atravieso en mi diario derrotero.

¡Así NO debe ser! Y, sin embargo, las veredas siguen rotas, sucias y resbalosas de a ratos.

¡Así NO debe ser! Y, sin embargo, pocos son los automovilistas que respetan al transeúnte en su paso por las sendas peatonales.

¡Así NO debe ser! Y, sin embargo, dolorosamente, lo ES.

Intento seguir mi camino en un microclima de observadora sintiente, pero agradecida a mi vida, a mi salud, a mi paz interior…¡pero un bocinazo me altera y vuelvo a mirar, a observar en esa esquina que intento cruzar! Y ahora es un auto mal estacionado el que provoca la ira de otro automovilista que al doblar, no puede hacerlo del todo porque el auto mal estacionado se lo impide…¡ y toca bocina como desaforado y se une a él el colectivero que quiere llegar a tiempo y el semáforo los desespera más, porque el cambio a rojo es inminente! ¡y escucho gritos de discusión desde el interior del auto mal estacionado que de pronto sale como un bólido despedido, tras un portazo de una mujer que arrastra a un niñito de su brazo y termina de discutir con el señor que la dejó en esa esquina en el auto mal estacionado.

Y veo caras enojadas y veo al niñito que mira inocente sin entender y quizás hasta aprendiendo que ese es el modo de tratarse, de vivir, de convivir…

Y nuevamente me digo ¡Así NO debe ser!

Y por un momento me siento sola en este “¡Así NO debe ser!”, pero como un mensaje casi celestial escucho a una chica diciéndole a su amiga, quienes caminaban un par de pasos detrás de mí: - ¡chamiga, qué loca está la gente, no tienen un poco de paciencia, después se mueren por tanto estrés al ped…! ¡está mal, no es así la vida!-

Y entonces yo, debajo de mi barbijo, sonrío feliz y agradezco porque, a pesar de tanto “¡NO es así!”, siento que todavía hay mucha gente que sabe por dónde “¡SÍ, es así!”

Llamalo esperanza, ingenuidad, utopía o como quieras llamarlo, pero yo sí sigo creyendo.

 

  • Claudia Elena Fiorio
  • Corrientes, 3 de julio de 2022

Comentarios
Volver arriba