Gal Costa celebra sus 75 años con un show para toda la región.

Cuando voy a la Argentina me siento en mi casa. Tengo una relación muy especial con el público. Particularmente en Buenos Aires hay una gran valoración de los artistas brasileños, y eso es muy grato. Me acuerdo de los primeros viajes, era como llegar a una ciudad mágica, llena de bohemia”. Esto decía Gal Costa en 2017, cuando visitó el país por última vez para presentarse en el Teatro Gran Rex.

El vínculo de esta gran cantante bahiana con la Argentina es tan sólido como el que han sabido construir otros grandes artistas brasileños de su misma generación, de los que siempre estuvo muy cerca (Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia). Aquellos que la siguen y la admiran desde hace años tendrán la chance de sumarse a la celebración de este sábado, día del cumpleaños 75 de la artista y de un show muy especial que será transmitido a las 22 por TNT, tanto en televisión como en el canal de YouTube de la emisora para toda Latinoamérica.

Gal Costa inició su carrera en 1965, casi en perfecta sintonía con la explosión del tropicalismo, un movimiento cultural rupturista que impactó en las artes plásticas, la música, el teatro, el cine y la literatura de un Brasil dominado por la rigidez represiva de la dictadura militar que quebró el orden constitucional en 1964, luego de un largo período de inestabilidad política en el país vecino.

Nacida como Maria da Graça Costa Penna Burgos en 1945, empezó a cantar de muy chica y a los 15 años ya se lucía como cantante y guitarrista en las fiestas escolares de su ciudad natal, Salvador (Bahía). En esa misma época la tomaron como empleada de una disquería en la que su gran descubrimiento fue la singular bossa nova de João Gilberto, con quien tendría el gusto de compartir un escenario en 1965, cuando tenía apenas 20 años.

Conoció a Caetano Veloso gracias a su amistad con Dedé Gadelha, la primera esposa del gran artista bahiano y madre de Moreno, también músico. Debutó como cantante en el espectáculo musical Nós, Por Caso, montado para inaugurar el Teatro Vila Velha de Salvador y en el que también participaron Caetano, Gilberto Gil, Tom Zé y Maria Bethânia. En 1967 entró por primera vez a un estudio para grabar un disco con Veloso: titulado Domingo, ese bautismo de fuego se parece mucho más al trabajo de un cantautor folk de la escena londinense de los 60 que a un disco pop brasileño.

En la primera mitad de la década del 70, Costa grabó otros dos discos estupendos: primero Legal (1970), donde sin abandonar del todo la experimentación de sus dos trabajos anteriores agregaría a su paleta sonora blues, rock, R & B y soul y hasta una humorada titulada “Love Try and Die”, en homenaje al sonido Dixieland, con el pícaro condimento de un corista que imita la voz de Louis Armstrong, y tres años más tarde India (1973), álbum bisagra aparecido cuando el tropicalismo empezaba a desvanecerse y cargado de arreglos exuberantes y sofisticados ideados por Gilberto Gil. Casi cincuenta años después de su aparición, India -donde Gal aparecía desnuda en la contratapa, lo que obligó a vender el vinilo dentro de un sobre opaco- sigue sonando fresco, vital y provocativo, basta con escuchar temas de impronta pop como “Ponto da Luz”, de Jards Macalé, otra figura del tropicalismo, y el magnífico “Relance” compuesto por Caetano y potenciado por el acordeón alucinado de Dominguinhos.

Ya transformada en artista internacional y orientada a una audiencia más adulta y conservadora, Costa fue cumpliendo con los planes más convencionales de los músicos deglutidos por la industria: grabó su MTV Unplugged en el 97 y un disco en vivo en el club del prestigioso sello de jazz Blue Note. Editó varias compilaciones y fue rizando el rizo sin demasiadas novedades hasta 2011, cuando por fortuna resolvió reinventarse tras permanecer seis años alejada de los estudios y grabó entonces el delicioso Recanto (2011), un disco compuesto y producido por Caetano Veloso que establece un diálogo virtuoso entre la electrónica y la música carioca. Con 66 años, Costa volvía a animarse a desafiar las expectativas en torno a su producción como artista y de paso encontraba una nueva manera de cantar, incorporando un timbre grave que fue toda una novedad. Fue hasta hoy el último gesto relevante de una intérprete que ocupa un lugar de privilegio en la enorme tradición musical de su país, junto con otras grandes voces femeninas: Elis Regina, Maria Bethânia, Nara Leão, Beth Carvalho y Marisa Monte, sobre quien Gal ejerció una influencia decisiva.

En este accidentado 2020, al margen de la gran celebración de este sábado que podremos ver en vivo por TNT, Gal publicó una nueva versión de “Baby”, el clásico de Caetano que ya grabó otras cuatro veces en sus más de cincuenta años de carrera y que es casi infaltable en sus conciertos. Esta vez la acompañó Rubel, un cantautor carioca de 29 años muy celebrado en Brasil y que el año pasado se presentó dos veces en el Café Vinilo del barrio de Palermo con entradas agotadas. Fiel a su adorable sentido del humor, Gal Costa lo saluda al final del tema con un dulce piropo: “Gatinho”. Una buena manera de respetar su historia y su identidad sin desatender el presente.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar

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