Bruno Mars, en la Argentina: Rugió el Estadio Único

Una sola canción y una ovación sin precedentes. La hazaña fue posible porque en realidad, Bruno Mars ya tenía a todos prendados de él antes de esta noche. Atraídos como imanes por la artillería de hits que produjo el artista hawaiano, los argentinos que dijeron presente anoche en su recital en La Plata habían agotado los tickets hacía mucho tiempo. El Unico estaba exultante y cuando terminó “Finesse”, la primera canción de una lista de 15 previstas, el estadio se vino abajo con un rugido ensordecedor, prolongado y adulador. Eran las 21.25 y todavía faltaba casi todo.

En honor a los 24K que le dan nombre a su gira mundial -la 24K Magic World Tour-, el cantante, autor, bailarín y megashowman se rodeó de una maquinaria de lujo para subirse al escenario: todo era pomposo, dorado y rutilante en la puesta en escena que trajo a la ciudad de La Plata en su segunda visita al país (la primera fue en 2012, a Mar del Plata), y se montó de tal manera que el público no dejara de recibir estímulos. El recital comenzó con un show de fuegos artificiales y la pirotecnia se usó como recurso para subrayar cada golpe rítmico de relevancia en las canciones, para marcar el tempo y para mantener los ojos de uno maravillados. Un recurso eficaz para dejar el ánimo de la gente bien arriba, pero, en el abuso, también efectista y poco original.

Cuando tomó la palabra por primera vez en la noche, Bruno agradeció la presencia de DNCE, la banda telonera liderada por Joe Jonas que de 20 a 20.30 armó una revolución de energía, la suficiente para dejar al público preparado para el estallido “marsiano”. Los mismos que deliraron con el ex Jonas Brothers, ahora tenían gorras y collares de metal para emular el look funk del chico de Honolulu y sus oros de 24k.

Bruno Mars, el señor hit
Bruno Mars, el señor hit. Foto: Archivo / Florent Dechard

Un factor externo hizo que el recital se viviera como una alegría inédita desde las presentaciones de los teloneros en adelante: que se hiciera un día sábado. Mientras la mayoría de las fechas de tours grandes tocan para nosotros durante la semana, Bruno Mars tuvo la suerte de caer un sábado. La sensación de cero estrés alrededor se hacía notar: nadie había tenido que correr desde sus trabajos para llegar a tiempo hasta La Plata, el tránsito no había sido lo demoledor de los días de semana, cuando el éxodo hacia el Unico se superpone con el regreso al Conurbano de muchísimos trabajadores de la Ciudad, el público tenía ganas de disfrutar. Tras prodigarle ovaciones a DNCE, hasta que empezara el show de Bruno, y después de la clásica ola tribunera y los aplausos para apurar al músico, el público comenzó a bailar moviendo sus celulares con la luz de la linterna encendida, como por pedido de Bono o Chris Martin. Pero no. Nadie se lo pidió. Sin liderazgo más que el dictado por corazones contentos, miles de personas se sumaron a la propuesta no verbal de encender las luces y bailar hasta que Bruno saliera a escena. El resultado fue una bella postal de una multitud conectada a través de la música y de la alegría.

Bruno y su aceitado equipo
Bruno y su aceitado equipo. Foto: Archivo / Florent Dechard

Respaldado por su banda, los Hooligans, con los que supo restaurar un estilo que parecía olvidado o nostálgico, el new jack swing y remezclarlo con el funk, el hip hop, e incluso el rock y el soul, Bruno Mars logró un sonido original y poderoso, pero por sobre todo pegadizo, que fue celebrado por las más de 50 mil personas que se reunieron en La Plata para verlo y que no pudieron evitar bailarlo todo.

“Te quiero mucho mi chica”, dijo en un divertido español para agitar el frenesí. Bailó, bromeó, sonrió. Hizo un tributo a su manera del moonwalk de Michael Jackson. Se divirtió con su banda, un grupo de bailarines-músicos que se apropió del escenario para secundar al líder como un verdadero equipo de éxito. Dejaron todo en la cancha pero sobre todo una buena noticia: en los tiempos de la nostalgia por las megabandas y por los artistas legendarios que se fueron y no volverán, un nuevo rey llegó para quedarse y se llama Bruno Mars.

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